Mi espíritu siempre se caracterizó por ser algo travieso y, sobretodo, aventurero. Fue en el año 1993 que en secreto y sin que nadie me viera, logré subir sobre una de las inmensas antenas parabólicas que en ese tiempo se encontraban en el jardín más grande de Ecuavisa, frente a las antiguas oficinas de Vistazo de aquel entonces… ¡Qué tiempos aquellos!